jueves, 8 de mayo de 2008

COMECHINGONES DE LA TOMA


No fue un momento mas. La historia se partió en dos. Las frías hojas de los manuales oficiales de amarillo pasaron a gris ceniza. Los comechingones existieron y existen.
Y a partir del viernes 18 de abril confirmaron su organización a través de un proceso pleno de auto-reconocimiento y recuperación de la identidad perdida.
En el marco de la Semana del Aborigen, varias familias del Pueblito La Toma (Villarreal, Acevedo, entre otras) hicieron su aparición pública y nombraron sus curacas para cada familia.
Dentro de un contexto de emociones y lágrimas entre los protagonistas y asistentes, el acto fue el símbolo de un momento histórico que recién empieza a caminar y con la esperanza que se puedan sumar más familias, según las palabras de varios comechingones.
Como para la mayoría de las culturas prehispánicas y no occidentales; las casualidades no existen. Y aunque en principio parecía una gran contradicción; el salón donde se llevó a cabo el acto pertenece a la iglesia cordobesa.
Ahí mismo, en las “barbas” de la institución que siglos atrás sirvió de instrumento de dominación, usurpación, aculturación, y de brazo “espiritual” para el genocidio, allí los hoy descendientes de aquellos pobladores originarios de estas tierras hicieron su primer ritual y reconocimiento ante la sociedad.
La Córdoba señorial, la pro-hispánica (al menos en aspiraciones políticas, sociales y culturales), la Docta colonial sin aparente pasado mas allá de 1573; sucumbió ante la reaparición de los comechingones. Siempre estuvieron, hoy se reconocen. Ayer debajo de las nobles alfombras, hoy de pie, con la cara altiva y orgullosa. En tiempos de su “reinado”, el entonces gobernador Angeloz se jactaba de tener su provincia “libre” de aborígenes. Personajes como el historiador P. Bustos Argañaráz siguen “ninguneando” derechos y legitimidad a los originarios de estas tierras.
Y nada es casual; ambos pertenecieron y pertenecen a los círculos políticos ligados a la oligarquía, masonería, latifundistas y terratenientes de la provincia.
Los comechingones de La Toma no se pusieron a esperar que Cristina Bajo y sus novelas históricas los reconozcan o que don Efraín Bischoff los incluya en sus trabajos.
¡De acá somos!, se escuchó. Y un ¡Aquí estamos! repicó en las caducas paredes de la historia oficial de Córdoba.

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